Parece que llegó el otoño. El otoño… que estación inmunda realmente. Deprime muchísimo, porque, ¿a quien le gusta el otoño? Algunos dirían que no hay tal crisis, pero en este caso creo que si la hay. En otoño se marchitan las flores, las horas de luz se acortan, vienen los días fríos. El otoño llega sigiloso, casi sin avisar, despacha al verano y nos deprime a todos. El otoño es triste, es sinónimo de nostalgia ¿y qué es la nostalgia? El sufrimiento de recordar algo que tuviste, ya no tenés, ni vas a tener. La nostalgia es un viaje al pasado, a la niñez al recuerdo de alguien que ya no está. En otoño los colores empiezan a morir. En otoño la vida se ve detrás de una ventana. En el otoño uno quisiera estar en otro parte. El otoño vuelve todo tan, tan triste. El viento, la lluvia, y la nostalgia lo confirman, llegó el otoño. El otoño es la vejez del año, es el ocaso de los sueños, es una porquería. Nos invade una angustia inexplicable, estamos como peluquero sin cepillo, perdidos. El otoño llega y va invadiéndonos poco a poco enfriándonos el alma y los sueños. El otoño nos encierra dentro de nuestra casa y dentro de nuestra alma. En otoño todo muere, falta tanto para que vuelva a renacer. El otoño es como el bucle, ni lacio ni rulo, es algo indefinido, terminó el calor pero no llegó el frío. El otoño huele a amenaza, es una brisa fría que presagia dolores. El año termina cuando empieza el otoño, es época de balance, y lo primero que uno cuenta es el debe. El otoño desconcierta, el otoño nos pone en aprietos. Por algo dicen que la primavera es el nacimiento, el verano la vida, el otoño la agonía y el invierno la muerte.
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